viernes, 6 de noviembre de 2009

Númen II


Los que nos corresponde son, esas cosas que callamos, esas cosas que omitimos, esas palabras ardientes que se dilatan, que se dicen en el frío. Lo que tememos, esa cautela, ese horror de ser reconocido, lo que nos deja helados, los hay entre la brisa y el dulce recuerdo de lo vivido.


Como fluidos en la corriente, como una electrica mirada que nos hipnotiza y nos saca una sonrisa. Como estar perdido en una galaxia de superticiones y fantasías.


Como no comprender lo que no aqueja, lo que nos corrompe, lo que la humanidad esconde. Lo que avanzamos y a su vez retrocedemos, un paso en falso y eso es lo que tenemos. Nos libramos siendo esclavos de nuestro alter ego, no nos queda nada más entonces... no nos queda nada por lo que suspirar, más que un fin eterno, en un mundo utópico que no esta basado en la realidad.

Amigos de nuestros enemigos, hipócritas por nuestro bienestar, irónicos por acobardarnos y sensatos por lamentar. Donde hay luz es porque hubo oscuridad. No hay pena sin gloria, ni quién te repirma de este pensar, es una reflexión idealizada bajo prozas envuelta en párrafos, en concordancias locas, en anti-poetas de epocas pasadas, de legados sicodélicos, de orates que se han querido expresar, bajo líneas profundas en su inmensidad.


Una ecuación distinta, un resultado verbal, una música golpeante que provoca al cuerpo reaccionar. Una matemática convertida en lengua madre, una ciencia difícil de comprobar, no son más que diversas miradas, con el mismo enfoque que todos siempre le han querido dar.


Esto no es más que lo que tu mente crea, en una sociedad adversa, compleja y sufrida. Coherencias dentro de lo que parece absurdo, distinciones de anomalías, puras manías.

Lo que el sistema te ha impuesto es a ser esa voz oyente, y a su vez a ser ese oído hablador.

Nunca negándote nada, pero tampoco dándote el favor. Qué paradójico no?

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