sábado, 8 de diciembre de 2012
El destello de sus Ojos
Hoy te miré en un recuerdo, volví a encontrar el brillo y el destello de la mirada profunda de esos ojos negros, que como sombras traviesas y escurridisas se esfumaban tras la brisa. Hoy luché contra mi ansiedad y mi tormento, esperando y siendo fiel al reencuentro, intentando afiatarme de la paz interna a la llegada de ese dicho momento, en donde nuestros cuerpos y almas volverán a unirse y compartiran un secreto. El tiempo que nos ha dado la vida para pensar por separado, es una aventura más de este delicioso relato.
Cuenta la historia de dos jóvenes que se conocieron entre el mar y la arena, entre el eco de las olas y el viento fino que lo trae consigo la onda costera. En auqella época eran aún más ingenuos, más evocados al presente, a gozarlo con suerte. Cuando los destinos se unen es porque se ha escrito de antemano, el hombre traza una delgada línea entre la realidad y la ficción, él crea su propio mundo y su propia predicción.
No hay motivo ni razón que no tenga explicación para los sucesos de la vida, sobre todo del amor. Aunque este parezca ilógico, más cabeza tiene que muchas otras cosas que en este universo la mayor parte hipócrita cree saber simplemente por el uso de la razón. Hoy hago un hincapié, porque he visto el aura de un ser humano, desnudo, vulnerable, sensible y amado, él brilla bajo el árbol de la sabiduría, más no tiene idea, sólo algunos lo pueden ver. He visto en mi epifanía las más grandes revelaciones de las maravillas, verdades sencillas, pero verdades al final. He sentido el corazón roto y lo he podido reparar, lo he moldeado con mis propias manos apreciando su textura jaspeada conviertiendola en lo más suave y liviano que se pueda anhelar. Hoy te miré a ti... y descubrí lo bello que es poder transformar las cosas con sólo imaginarlas, la mente tiene el poder de revertir los episodios acontecidos mientras el tiempo lo gobiernes y lo sepas cuidar. Mil colores atravesaron por mi cabeza mientras te ví, rodeado de serenidad y radiante con ganas de abrazarme fuerte y no soltarme. Esa es la sensación que no quisiera perder nunca, aún así si hoy no estás conmigo para hacerla realidad. Hoy te miré una vez más y entendí muchas cosas, entendí que culpar y culparse hace la vida más corta, hace que la gente no se arrepienta y se encarne del orgullo que envenena y mortifica. Hoy me perdono y te perdono a ti, silente y desentendido, nervioso y reflexivo. Este sólo es el punto de partida que se expande a diez mil millones de millas y a un sin fin de cosas locas que están pasando y pasarán mientras viva y pueda escribir de esta forma y plasmar dulces prozas y recordar y hacer memoria de tus pupilas grandes y redondas, que me miraron tanto tiempo y junto a mí caminaron y crecieron.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)