jueves, 29 de octubre de 2009

Caer



Caer, es dejarse vencer, es no querer retomar el camino y retroceder, caer es el final del abismo, el comienzo de la noche triste que te abandona, caer es querer morir sin querer luchar por vivir. Reprimir el sentido de la felicidad y no avanzar nunca jamás. Caer en no encontrar la salida a tu conciencia infame que te hiptoniza de pensamientos burdos y poco coherentes. Caer es sin más ni peros, volver a llorar. Una lágrima que se marchita como una flor distante en un desierto sin ni una gota de humedad. Si vas con prisa, caes deprisa. No te asustes a aceptar la condena de la vida, que tu alma agoniza si no estás pensando con claridad. Un pozo sin fondo, un lugar que no es lugar. La imaginación lleva al hombre de pronto a no darse cuenta que a veces existe más de una oportunidad. Sé tu mismo, sin importar lo que otros dirán, embelleze esa pena carcomida, que ven los ojos de los demás. Si miras hacia el pasado, en el pasado te quedarás, pues caer es solo eso y nada más. Debes pasar con fuerza, debes cruzar el umbral.

domingo, 25 de octubre de 2009

Punto y Coma


Ahora mátame de frente para así darte el perdón, dicen que la morfina es buena para olvidar, pues tratar de olvidar a alguien, es recordarlo para siempre.

Español Antiguo


Callad hombre callad!, que no uso español antiguo solo por que así he de hablar, asi me imagino un mundo pluscuamperfecto, un mundo en tinieblas y en soledad, una dimensión paralela, donde habitamos, donde respiramos más. Las más lindas prozas poéticas que podeis vosotros cantad. Callad hombre callad!, que con tu silencio mis cuerdas gruesas vuelven a sonar. El timbre mexo que tu hiciste mudar. Hombre de pocas palabras, de caricias sanas y besos adoloridos. Hombre que vive bajo su manto, entre la oscuridad y el frío. Un párrafo anéxo que se liga a un verso que dejó de ser ya un sentimiento compartido.

Númen I

Tu la voz, yo el eco, el eco distante, que no se toca, no se palpa, un eco amorfo, un eco sin resonancia, eco que ha de callar. Tu la palabra, yo el silencio, la mirada constante, la visión entristecida. Un par de ojos llorosos, sin consuelo, sin amor. Tu encanto, yo dolor. El látigo permanente, la herida abierta, la lágrima seca, el gusto sin sabor. Tu la causa, yo la sumisa consecuencia, de un desamor maldíto, de una tarde fría, que jamás me abrigó. Yo el recuerdo del ayer, tu el olvido insensible del mañana. Derramé mi fuerza en algo que no apreció mi valor. Tu, yo... algun día fuimos dos.