Yo también entiendo el misterio de la vida como una situación poco compacta, como una elocuencia magnética donde diversas materias se unen y se transforman haciendo perdurar la metamorfósis. Existe la constante sensación del ser perturbado en una boca de lobo, no tiene idea de cómo escapar, pero a la vez el morbo interno sigue analizando la oscuridad que produce en él la inmensa agonía de vivencia encarnizada, algo que no puede cambiar, la siquis lo lleva como un imán que atrae cosas bizarras, pensamientos absurdos, y situaciones obsesivas. Y es por eso que para todo debe haber una explicación, por muy sosa que sea... las definiciones, producto del sistema, mueven a la sociedad a nombrar, para identificart ciertos dilemas.
El hombre, animal de características raras, escrupulosas, una mente viajera sin un rumbo real, suele divagar ideas, nunca concretando nada en verdad, aunque paresca ser el rey de la manada, tras un acto errado se esconde y observa sin ladrar.
La mujer, animal de características complejas, intentando responder una interrogante que a veces suele confundirse con una falacia, otras veces simplemente se le subestima en su ser vehemente, empedernidamente apasionada, enferma de dolor existencial.
Somos seres distintos, pero iguales a la vez. No somos lo mismo, pero de cierta fuerza en común hemos sido creados. Algo metafísico, que nos impacienta pero nos hace seguir. Sin detener nuestros pasos, el andar se hace cada vez más y más pesado. Y tal vez el magnetismo de la inocencia nos hace respirar. Siempre creyendo haber perdido algo, observamos todo con cuidado, haber si en algún momento comprendemos la vida y su forma.
Los cuatro elementos, los tres estados de la materia, la rabia y el amor, los cambios de temperatura, la flora y la fauna, la bueno y lo malo. Los grupos, las multitudes, las fobia y la osadía. Los pecados capitales, el engaño y la verdad.
No hay dónde escapar, ¿buscar?...
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