Dicen que
pasa ser una buena escritora hay que escribir todos los días por lo menos una
hora, y en mi afán de lograr serlo intento escribir los más puros versos que
abundan en mi memoria. La dimensión abstracta que existe en lo interno, la
disyuntiva entre el corazón y la razón, el transcurso de la vida con el paso
del tiempo. Palabras, risas, juegos, luchas de egos, llanto, cosquillas, deseos…
tantos quiebres, tantos besos! Hoy por
fin recuerdo el remolino al borde de su nuca, sus ojos almendrados calcados en
mis sueños repentinos, logrando convencerme de lo que siempre había querido.
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