martes, 4 de mayo de 2010

Síndrome




Tus plumas esconden la certeza de tu ciencia, ocultas están tus alas, que frustradas no pueden emprender su libertad. Vuelve a mi curiosa ave, vuelve y llevamé contigo, como en el ayer semejante. Vuelve a mi y dejamé oírte tímido ruiseñor. Porqué abandonaste el nido, porqué das calor a mis huevos y luego te vas en un suspiro. Mis brazos no son mis brazos sin los tuyos que con cada cálamo me acobijas, con cada síntoma y nostalgia pierdo el freno de mi vida.


Porqué mi cantor, porqué te marchas, porque no regresas, porque huyes de tus miedos y no los afrontas, no los manejas, porqué te distancias de mí, tu querida volátil soñadora, que sonrié con tu mirada silenciadora, tras tus pasos cautivos y tu frente pensante.


Eres el ave en el corral, el animal atrapado en esa silueta viril, atrapado y lleno de inquietudes, desorientado sin rumbo fijo. Eres el pájaro y yo el nido. El de los ojos tristes y dolorosos, yo tu espacio fugáz con esperanza de que algún día comprendas que mi amor por tí es más que lo palpable. Mi amor por tí con el paso del tiempo se ha vuelto intocable. Tu el pájaro y yo el aire, las moléculas que comprenden tu huída, la manera en que intentas ver la salida. Tu el pájaro, mezcla de miel y verde. Yo la flor donde tu posas tu pico, donde te alimentas, donde sobrevives. Mi amado e hiriente pajarillo, nuevamente me dejas sin huella ni razón. Nuevamente caigo y rompes mi corazón.

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